Miradas furtivas: Hora del rancho

Mis últimos años han revestido una sobriedad espartana en previsión de lo que pudiera venir, aunque creo que no necesito decir que ni remotamente preveía nada parecido a lo que nos ha caído encima, agravada la tragedia por estos ineptos y sectarios gobernantes que, nefasta casualidad, tenemos ahora.
Como las penas con arroz, morcilla y cebolla son menos penas, la hora del rancho marca mi rutina cotidiana en el confinamiento y supone, cada día, una pequeña fiesta. No recuerdo ahora si ya comenté que la gula es uno de mis pecados capitales favoritos, que no el único.
Hay que alimentarse sana y suficientemente que el virus no le pille a uno sin defensas. Pero eso sí,  haciendo suficiente ejercicio en casa para que cuando salgamos del confinamiento no rodemos como bolitas hasta la boca de metro de la esquina. Este virus lo vamos a parar juntos, pero bien alimentados le pararemos mucho mejor.

@joseraigal

 

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