Natalia Docampo: Prados verdes

-!Mama, no puede ser…  Mi abu, no se iría sin decírmelo! – Sollozó Carlos – yo quiero ir con él.

Gaia abrazó fuerte a su pequeño. Deseando que no le hubieran mentido. Era un niño muy inteligente a pesar de su corta edad. Estaba segura de que lo hubiera comprendido.

Era difícil decir la verdad, la verdad es dolorosa. A los niños no se les dice la verdad para no dañarles, para que no se pongan tristes, para que su inocencia perdure.

A los adultos, nos incomoda pensar que seremos nosotros el brazo ejecutor de tan triste cometido.

Pero a Gaia le parecía aún más penoso, dejar que su pequeño pensara, que su querido abuelo lo había abandonado sin despedirse de él.

Sin pensarlo más, decidió que su hijo supiese la verdad, no quiso engañarle ella también.

Le retiró amorosamente las lágrimas de la cara, lo sentó en su regazo y le dijo:

-¿Recuerdas cuando Bolita de Pelo se puso enferma y murió?…

-Sí. El abuelo, me explicó que allí a lo lejos hay un precioso jardín, donde todas las que se ponen malitas y mueren, se van a vivir. Que ese jardín podemos verlo, si cerramos los ojos y abrimos el corazón.

Ya comprendo… ¡ese el sitio donde está el abuelo! Bueno ahora sé donde está. Cuando quiera verle, solo tengo que pensar en él.

 

@nataliadocampo

 

 

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