Carmen Navas Hervás: La novia

Se enamoró desde el primer momento. Ella era una chica sencilla y tímida que huía de las relaciones duraderas, sin embargo, cuando le conoció no pudo escapar de su encanto. La conquistó una tarde de junio mientras contemplaba el atardecer. Se acercó por detrás y comenzó a recitar a Neruda, como si eso fuera lo normal. Ni siquiera se atrevió a girarse, por no romper la magia del momento. Su voz la envolvió en una burbuja de exotismo del que no pudo escapar.

Después todo fue demasiado rápido, su relación se precipitó en un abismo de sensaciones e ilusiones cumplidas.

El día de la boda, vio a su alrededor miradas de reproche, miradas cómplices y, sobre todo, miradas envidiosas que deseaban al hombre que estaba a su lado en el altar. Ese hombre tan perfecto que parecía un dios griego, un dios que había sido capaz de nublar su entendimiento y dejarla sin voluntad. Ni siquiera había sido consciente de esa pérdida de individualidad, de esa relajación de los sentidos, de esa forma de abandono de la voluntad.

Cuando las palabras “Sí quiero” brotaron de sus labios, un suspiro general inundó la iglesia gótica donde se había celebrado la ceremonia. Cuando el sacerdote les declaró marido y mujer, la besó con tal ardor que eclipsó el coro de voces celestiales que inundaba el templo en ese momento.

─ ¡Ya eres mía!

─ ¿Acaso no lo he sido siempre?

La tomó en sus brazos y giró con ella como si fuera una bailarina de caja de música, como si fuera una marioneta guiada por hilos mágicos.

La sonrisa no abandonó su cara en ningún momento, era como si estuviera viviendo un sueño: se había convertido en una princesa de cuento de hadas y su marido era el hombre más maravilloso del mundo, el hombre que había hecho que olvidara sus temores y que la conducía, con su amor, a la cima del mundo, a pesar de los reproches de su madre, que veía algo extraño en él.

─ ¿Piensas que no le merezco, que no soy lo suficiente buena para él?

─No es eso, es que hay algo raro; es demasiado perfecto.

No dejó que amargara el día más importante de su vida.

Fueron de luna de miel a un hotel situado al lado del mar, ese mar que había sido testigo del nacimiento de su amor. Su marido (todavía se le hacía raro pronunciar esa palabra), se ocupó de todo y cuando llegaron al hotel les dieron la llave de una suite en la séptima planta.

La noche de bodas fue algo inolvidable. Fue tan atento y tan tierno que hizo que olvidara todos sus miedos, todos esos temores y esa inseguridad que habían impedido que se realizara como mujer. Cada palabra, cada gesto, cada caricia fue rompiendo esa barrera de hielo que había ido levantando desde su niñez, desde aquel fatídico día en que perdió su inocencia a manos de un extraño.

Fue como si el tiempo se detuviera y el reloj dejara de girar para darles tiempo a amarse en silencio. Nada ni nadie sería capaz de acabar con ese incipiente amor. Incluso desconectó el teléfono para no tener que oír los miedos infundados de su madre.

Despertó sonriente, mientras su marido la miraba desde el quicio de la puerta. La televisión volvía a hablar del asesino silencioso, ese monstruo que mataba por placer, sin dejar rastro. No  quería seguir escuchando, porque estaba metida como en una burbuja de amor donde nada podía empañar su felicidad. No entendía cómo las mujeres podían caer en las redes de un monstruo semejante. Ella jamás se iría con ningún extraño. Se sabía que era un hombre muy atractivo que seducía a sus víctimas con maestría. Ninguna podía resistirse. Aparecían todas de la misma forma: atadas a una gran cama cubierta de sábanas rojas, violadas por una pera de tortura, con cara de incredulidad, el vientre abierto, los intestinos colocados en forma de corazón encima de la cama, una rosa roja entre los labios y un anillo con un enorme diamante situado en el centro del pecho.

Su marido se acercó y con delicadeza apagó el televisor. La observaba con los ojos cargados de pasión, de un amor tan primitivo que hacía que el mundo se detuviera a su alrededor.

─ ¿Estás preparada? Ya hace tres días que nos hemos casado y hay que celebrarlo.

─ ¿Y qué has pensado?

─Tú cierra los ojos y disfruta del momento.

Sacó unas esposas de una bolsa negra y se las colocó sin que opusiera ningún tipo de resistencia.

─Eres la mas bonita de todas.

Sacó una rosa roja, un anillo demasiado ostentoso y un extraño artilugio, que parecía sacado de una película de terror.

Su mirada lo dijo todo cuando se convirtió en la víctima número diez.

Al día siguiente los periódicos se hacían eco de la noticia: <<el asesino silencioso se ha cobrado su décima víctima ante el asombro de la policía que no consigue pruebas para su captura>>

@mcnavas1

 

 

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Acerca de Galiana

Escritora
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4 respuestas a Carmen Navas Hervás: La novia

  1. Cati Romero dijo:

    Breve, conciso, claro, en pocas palabras dices mucho, gran argumento para un buen libro de intriga, misterio, amor, pasión……
    En resumen, brillante, Felicidades Carmen

    • Carmen Navas dijo:

      Muchas gracias Cati. La verdad es que tengo un libro entero en mi cabeza con este relato que es muy posible que se convierta en novela. Muchas gracias por leerle y me alegra que te gusten mis relatos. Un beso

  2. Carmen Navas dijo:

    Muchas gracias Loli, de momento se queda ahí pero puede que en un futuro tenga continuación. Mis lectores se quedan siempre con ganas de más

  3. Loli dijo:

    Me quedo con ganas de seguir leyéndolo

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