La penitencia de ser de izquierdas

Al que se declare abiertamente votante de izquierda en este país deberían regalarle algo. Ser de izquierdas es una cuestión de fe, como uno se ponga a pensar en ello es carne de psiquiatra.

Ferraz es un nido de víboras que se amenazan las unas a las otras. Una cueva de Judas donde las traiciones están a la orden del día. Un club de Bruto donde pugnan entre ellos por ver quién es más rápido clavándole la daga a César. El socialismo español es un desastre descomunal. Tanta campaña encarnizada de primarias por la Secretaría General, tanto postureo desmedido, tanto aquí estoy yo porque he venido, tanto afán de protagonismo absurdo están consiguiendo que el votante socialista les dé la espalda. ¿Es que en el PSOE nadie tiene dos dedos de frente para darse cuenta que esta “guerra civil” interna está destrozando al partido? Alguien debería decirle a toda está panda de cenutrios que el camino elegido no es lo que están haciendo por mucho que lo quieran vender como recomposición, reflotación, reconstrucción o como quieran llamarlo. Los dirigentes socialistas están consiguiendo que el personal pase de ellos. Basta con mirar los resultados electorales, porque las encuestas en intención de voto ya se sabe que quien paga “cocina” los resultados.

Con un PSOE sin rumbo el personal de izquierdas podría pensar en mirar a los “primos hermanos” podemitas, pero… ¡joder que tropa!

Los de Pablo Iglesias no buscan más que el aplauso fácil del personal. Esta panda de “Niños perdidos” seguidores de Peter Pan han mancillado el espíritu del 15M totalmente. Persiguen llamar la atención con un populismo chabacano que la mayoría de las veces raya lo absurdo. Demuestran a las claras que como manipuladores no tienen precio, siendo cierto que ésta es una cualidad que se necesita para estar en política. Son adictos al show televisivo en el Congreso y en la calle. Los miércoles buscan llamar la atención en la Cámara Baja con mil argucias en lugar de con un argumentario, y la idea del “tramabús” recorriendo las calles de Madrid es incalificable.

Para los que estén echando de menos a IU solo decirles que les comprendemos. Lo único que podemos decir es que vayan a reclamarle a Garzón, si es que le encuentran.

Tantos despropósitos en la izquierda nos llevan a pensar que el guión lo escribe un grupo de humorista con ganas de cachondeo y mucha mala leche. Tanto desquicie solo puede ser entendible desde esa perceptiva, porque hemos llegado a un punto en que tenemos que elegir entre cortarnos las venas o dejarlas crecer.

Lo dicho, los votantes de izquierdas se merecen un premio por seguir ahí, al pie del cañón a pesar de la que está cayendo. Menuda penitencia tiene ser votante de izquierdas.

Galiana

 

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Acerca de Galiana

Escritora
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4 respuestas a La penitencia de ser de izquierdas

  1. Dicen que, en general, el votante de izquierdas tiene una mente abierta, incluso es capaz de criticar a los suyos sean del,partido que sean, pero hombre, la apertura de mente tendría que tener un límite, por ejemplo no hacerle el juego a sus oponentes políticos, digo yo. Buena entrada, saludos!

  2. Voy a ir al psiquiatra, ya.

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