Socialistas, en compás de espera

Regresamos de las vacaciones de Semana Santa y el PSOE está ahí, en el centro de todo, inmerso en un proceso de “ombliguitis” descomunal, que sufriremos como poco hasta el 21 de mayo en que por fin tendrán alguien al frente de la Secretaría General al que pintar monigotes en los carteles de las próximas elecciones generales.

Hasta que las primarias lleguen los militantes socialistas se dividen entre los que hacen guardia en la garita, los que cavan trincheras, los que conforman la primera línea de defensa, los que son conscientes que después de ellos no hay nada, y los que gracias a todos éstos aspiran a ocupar el trono de Ferraz.

Por partes, que no es conveniente hacer un totum revolutum con los tres candidatos porque no es lo mismo el jabón que el hilo verde aunque todo sea para la ropa.

La primera vez que Pedro Sánchez se presentó a las primarias engañó al personal lo que no está escrito. Nos vendió que, ante la necesidad imperiosa de la política española de tener un Kennedy, él era nuestro hombre. La fórmula no funcionó. El objetivo de derrotar a Rajoy en unas primeras elecciones no se consiguió y hubo que repetir meses después porque no hubo manera de formar gobierno. La segunda vez que se presentó con el mismo argumentario, ya le vale y a nosotros también, nos engañamos nosotros solitos. Sabíamos que no pasaba de ser Kent, y le dimos nuestro apoyo como si del mismo Kennedy se tratase, el resultado fue mucho peor de lo que hubiéramos imaginado. Sánchez se ha enrocado en lo de ser Kennedy, lo cual si tuviera las características del asesinado político americano sería magnífico, pero olvida que ya ha demostrado que de Kent no pasa. El PSOE no necesita al novio de Barbie.

Frente a Kent está “la sultana de Andalucía”. Susana Díaz se presenta con el apoyo de todo el aparato de Ferraz con lo que intenta recuperar el concepto unidad tan denostado desde que Sánchez apareciera. Los andaluces saben del pie que cojea y la china que le aprieta en el zapato ya que es su Presidenta. Por encima de Despeñaperros hay que demostrar las cosas, poner en valor la historia de los cien años del socialismo es una buena tarjeta de presentación para marcarse un “gatopardo”. Tanto el socialismo como la sociedad española en este momento están necesitados no de un “gatopardismo” sino de derrotar al PP, y según Díaz se hace con socialdemocracia. Lo que no aclara la andaluza es si ésta es la misma que el mundo está repudiando o ella trae bajo el brazo una receta para revolucionarla y reflotarla acabando así con el populismo que amenaza con invadirlo todo.

El tercero en discordia es el gran sacrificado, el que sirve para que las dos hienas anteriores no se saquen lo ojos de tal manera que el resto sintamos vergüenza ajena del socialismo como en el pasado Comité de octubre. Patxi López, el mediador, el hombre de partido que no levanta la voz, que está para lo que tiene que estar y dónde tiene que estar. Metido en una guerra que no es la suya. Fue elegido para salvar al “soldado PSOE” a sabiendas que no sería condecorado por ello, aun así cumplirá la misión porque hasta ahora siempre ha cumplido con los cometidos de Ferraz.

Resolver la ecuación de la Secretaría General de PSOE no es fácil, nadie ha dicho nunca que lo fuera, pero en peores garitas los socialistas han hecho guardia.

Galiana

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