Iglesias, uno más de la casta

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En Vistalegre I Podemos se confirmó como formación política, no como un grupete de amigos. Su punto de partida era acabar con el bipartidismo, dar un nuevo aire al panorama político. Así lo creyeron cinco millones de personas que con su voto les colocaron en las instituciones porque se creyeron aquello de no ser de la casta.

Todo parecía muy fácil, muy sencillo. Tanto que quienes cortan el bacalao se acongojaron. Se veían en manos de una panda de niñatos que habían elegido jugar a la política sin entender que ello conlleva una serie de responsabilidades y madurez de la que carecían por completo.

Podemos demostró tener complejo de Peter Pan desde el minuto cero en el que pusieron su pie en el Congreso. Nadie entendía que una vez habían llegado a las instituciones se empeñaran en convertir a éstas en un plató de TV donde querer ser el foco de atención constante. Sus seguidores les perdonaron las excentricidades alegando que acababan de llegar, y que aprenderían a comportarse como los mayores porque capacidad para ello tenían.

La fallida investidura de Sánchez, gracias a la falta de apoyo de Podemos, fue el pistoletazo de salida para que las discrepancias entre Iglesias y Errejón quedaran patentes. Pablo dejó claro que había llegado a la política a ser él, el proyecto de Podemos se la traía al pairo.

Iglesias está convencido que es el elegido para unir a la izquierda. Con su no a Sánchez provocó que el PSOE entrará en una crisis de la que está por salir, y la cosa va para largo. Con el socialismo medio desarticulado puso sus ojos en IU, a la que fagocitó con unas cervezas aprovechándose de la candidez y falta de experiencia de Garzón. Sin enemigos en su bando creyó que las nuevas elecciones le encumbrarían, y se equivocó. Las urnas le dijeron que su lugar era ser tercera fuerza política.

Iglesias les había hecho ver a los suyos que podían alcanzar la Tierra prometida, sin mencionar lo de tener que atravesar el desierto, y mucho menos que no había maná alguno que les ayudara a hacerlo.

Errejón, hasta entonces fiel escudero, decidió que ése no era el camino. Intentó hacerle ver que habían fracasado porque con agresividad en el mensaje no se logran los objetivos, sin ser conscientes que ambos no tenían los mismos objetivos.

Iglesias solo ambiciona el poder, cosa lícita, pero se le olvida que la formación morada llamaba casta a quienes calzaban este gorro. Errejón sigue creyendo en el espíritu del 15M.

Las guerras internas en Podemos no son propias de un partido político tan joven. La formación política se ha dejado llevar por el aquí y ahora que tanto impera en la sociedad que vivimos, pero en política hay que tener algo más para sobrevivir.

El asunto se les ha ido tan de las manos que Carolina Bescansa ha decidido dejar que se maten entre ellos y abandonarlo todo. No quiere formar parte de un Vistalegre II donde, salvo milagro, se va a endiosar a Iglesias cargándose de un plumazo lo de la regeneración política y tal.

Galiana

 

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2 respuestas a Iglesias, uno más de la casta

  1. Se puede decir más alto, pero más claro imposible.

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