Que Dios nos ayude

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Trump, el flamante y recién estrenado presidente de los EEUU, encarna la zafiedad en persona. Ya sabemos que las comparaciones son odiosas pero este energúmeno pagado de sí mismo, soberbio hasta decir basta, arrogante hasta la extenuación, nada tiene que ver con su antecesor en el cargo.

A Obama se encargará, como a todos, de juzgarle la historia, pero entre sus muchos defectos no se ha encontrado el no estar impecable en cada momento. Cierto que la perfección aburre, y que podemos considerar al anterior inquilino de la Casa Blanca un aburrido, pero nunca fue un tipo vulgar, ni mediocre ni gris aunque tras ocho años siendo el líder del mundo libre su cabello se volviera de este tono.

No sabemos lo que nos deparará Trump en los próximos cuatro años pero una cosa es cierta, los sustos de madrugada y sin previo aviso van a estar a la orden del día. Su visceralidad, su “hago las cosas como me parece con independencia de lo que me digan mis asesores” nos va a llevar a no pocas situaciones comprometidas.

No es que llevemos puesto el traje de agoreros pero el populismo del que hace gala cada vez que abre la boca, el proteccionismo tan exacerbado, y su ya famoso mantra: “América primero” nos ponen los pelos como escarpias.

El sector automovilístico y farmacéutico están temblando con la política económica del 45 presidente de los EEUU. Ford, General Motors o Toyota han anunciado inversiones en sus factorías estadounidenses ante la amenaza de imponerles aranceles del 25% por cada coche importado.

Por si esto no fuera moco de pavo, que lo es, sigue con su idea del muro a lo largo de la frontera con México. Lo que en cristiano paladín viene a traducirse en un mandato marcado por una política antiinmigratoria que nos va a poner a todos mirando a Cuenca a no tardar.

La fobia que le tiene a los inmigrantes, todavía no sabemos cómo se las ingenió para que éstos le votaran a él en detrimento de Hillary, no es ni reseñable si la comparamos con la que le tiene al terrorismo islamista. Ha prometido “erradicar el terrorismo islamista de la faz de la tierra”, pero no ha dicho cómo va a hacerlo. Para ello cuenta con Putin como aliado, con lo que tenemos un par de descerebrados para resolver las matanzas que por el mundo están ocasionando un conjunto de desquiciados a los que les pone ver las calles de las principales ciudades del mundo llenas de sangre.

El magnate estadounidense se ha rodeado de una cohorte de ayudantes que no tiene ningún tipo de experiencia en la Administración. Cierto que son todos multimillonarios de éxito en sus respectivas empresas, pero un país no es una empresa por mucho que nos lo quieran hacer creer.

Trump, al igual que el resto de sus antecesores, se encomendó a Dios para llevar a cabo la tarea que le han confiado los americanos en su juramento del cargo. El resto del mundo coincidimos con él en eso de “Que Dios nos ayude”.

Galiana

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