Hipocresía, muerte, e hijos de puta

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Rita Barberá podría ser una hija de puta, recalcando el podría, pero era la hija de puta del PP. Todo estaba perfecto hasta que fue imputada en la Trama Taula y entonces pasó de tener nombre y apellidos, de ser el ejemplo a seguir, a “Esa persona por la que usted me pregunta ya no pertenece al PP”.

El fallecimiento inesperado de la que fuera alcaldesa de Valencia desde que los valencianos pueden recordar ha venido a demostrar que la hipocresía reina en la política española.

Los que fueron una vez los suyos, no olvidemos que Barberá fue cofundadora del PP, una vez que fue imputada en la Trama Taula le dieron la espalda, la dejaron sola. Ella que tanto había hecho por el PP, por Rajoy, por los suyos, sintió la soledad, el abandono como nadie, la trataron como una apestada. Recibió al final de sus días la miseria y el trato despreciativo que ella había infringido a quienes en su momento también fueron imputados en causas penales.

Este comportamiento del PP de machacar a quien le da problemas y luego ante fallecimientos inesperados echar la culpa a los medios de comunicación y al resto de partidos no es nuevo. Aguirre que vaya tomando nota porque como finalmente tenga algo que ver con la Trama Gürtel, la Púnica o cualquier otra que aparezca, no le van a doler prendas al PP para colocarle la etiqueta de ser “lo peor de lo peor”.

Sin ánimo de ser groseros en momentos donde la pena por la muerte de un ser humano siempre debe imperar, el fallecimiento de la persona que mejor conocía los entresijos del PP le ha quitado un peso de encima a más de uno. La valenciana se ha llevado a la tumba demasiados secretos de mucha gente del partido, y eso ya hay quien lo agradece desde el silencio aunque públicamente solo diga alabanzas hacia ella.

El PP ha demostrado ser un hipócrita con la muerte de Barberá, como lo es con casi todas las personas que no le favorecen tipo Bárcenas y compañía, pero no se ha quedado solo en este asunto.

El PSOE y Ciudadanos hicieron lo que suele hacer todo el mundo cuando acude a un tanatorio. Presentaron sus respetos, buscaron algo bueno que decir de la finada y aplicaron la máxima de “nadie habla mal de los muertos”. Ante un cadáver no se mete el dedo en el ojo por cortesía y punto final, con lo que hicieron lo que en estos casos se debe hacer.

Frente a la actitud más acorde con las normas sociales, ésas con las que se puede estar o no de acuerdo pero que hay que aplicar, en Podemos han dejado claro que no debieron ir a colegio de pago o hicieron “pellas” el día en que explicaron las normas de buena educación y el respeto por los muertos. Los seguidores de Pablo Iglesias, entre los que se incluye Alberto Garzón, no fueron respetuosos con la senadora Rita Barberá, y eso en una sociedad marcada por la hipocresía es un pecado imperdonable. Alguien debería decirle al líder de la coalición morada que los muertos merecen respetos, por encima de que el finado pueda ser un hijo de la gran puta, o esté inmerso en una causa judicial. No hacerlo te convierte éticamente a ti en un hijo de puta.

Rita Barberá descansa en paz, tanta paz lleve como deja.

Galiana

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2 respuestas a Hipocresía, muerte, e hijos de puta

  1. Preciso, conciso y con una verdad apabullante.

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