Tres mosqueteros y un Cardenal

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Quedan quince días de campaña electoral apasionante, o no. Todo dependerá de si quienes se presentan como candidatos les da por hacer política o por hacerse los políticos.

Cómo se nota que es viernes y que estamos a las puertas del puente de la Constitución, nos liamos más que la pata de un romano con esto de la política, la campaña electoral y los que se colocan el cartel de políticos.

Para entender de qué va todo esto debemos haber leído los Tres mosqueteros, o al menos haber visto alguna de las pelis que sobre la obra de Alejandro Dumas se han hecho.

De aquí al 20D por un lado tenemos tres mosqueteros, que podrían ser Athos, Porthos y Aramis, pero no, se llaman Pedro, Pablo y Albert. Son cada uno de su padre y de su madre. No visten el mismo uniforme, pero todos tratan de demostrarnos que van de colegas con el personal y entre ellos. Por otro lado tenemos al Cardenal Richelieu, cuyo olor a naftalina rancia e incienso denso apesta tanto o más que las puntillas.

Empecemos por los mosqueteros.

Albert viste de naranja. Representa a los burgueses acomodados de clase alta, exquisita educación, refinadas maneras y un saber estar ajustado al guion. Va de guay por la vida, pero no es más que un lobo disfrazado con piel de cordero. Está más en la onda del Cardenal Richelieu, solo que la pátina que le han colocado por encima le hace parecer mosquetero dispuesto a luchar por los desfavorecidos.

Pablo viste de morado, es el recién llegado. Se desenvuelve como pez en el agua entre los suburbios de la ciudad, pero no es más que un golfillo caradura que arenga masas de desesperados, a los que convierte con su demagogia de chiringuito de mercadillo de barrio. Quiere ser el líder de los desahuciados, de “los nadie” que diría Galeano. No se pone la capa, pero bajo su camisa blanca inmaculada lleva un puñal de ésos que a la mínima te clava en la columna retorciendo para hacer el mayor daño posible.

La capa roja es la que envuelve a Pedro. Lidera a los mosqueteros de la rosa con una tradición de más de 100 años. Vende que ha renovado a los suyos por completo, que han dejada atrás las viejas tradiciones, que se apunta a esto del colegueo en el trato con el resto y con los de a pie. Es un seductor, sí, pero como no tenga nada más detrás de la “sonrisa Profiden” el batacazo va a ser del quince.

Frente a los Tres Mosqueteros tenemos a su eminencia el Cardenal Richelieu. Representa las viejas tradiciones, todas y cada una de ellas. Usa cuellos almidonados para hacerle guiños a lo más rancio de la sociedad. Se rodea de trajeados engominados, y mujeres con pañuelo y perlas en el cuello con el pelo recién salido de la peluquería. Su discurso es viejuno, obsoleto y nada que ver con los tiempos que se requiere, pero… es el Cardenal y tiene el poder.

La pelea entre los Tres mosqueteros contra el Cardenal está servida. De los cuatro solo puede llegar uno, y ni el propio Dumas sería capaz de escribir el final antes del 20D.

Galiana

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6 respuestas a Tres mosqueteros y un Cardenal

  1. begonia dijo:

    Apoyo a Peppo
    Estupenda como siempre

  2. Peppo dijo:

    Pero pase lo que pase queremos un mosquetero y que la naftalina y lo rancio se guarde para siempre en un armario cerrado y blindado

  3. Es sencillamente un gran artículo. He disfrutado, como siempre de un guión de la película en este caso de algo que nos importa a todos los ciudadanos.
    Gracias.

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