La España del esperpento de Valle-Inclán

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¿Cómo se le llama a un país donde para cesar a una Ministra por inepta se aguarda a que la víctima de su inoperancia salve la vida? ¿Cómo se llama a un país donde el Presidente de una CA liga la suerte de uno de sus Consejeros a la que corra la Ministra del mismo ramo? Ese país, nos guste o no, se llama España, y para desgracia de los españoles es el hazmerreír de todo del mundo entero.

La crisis del ébola no solo ha descubierto que Ana Mato es Ministra por algún extraño favor que Rajoy le debe a alguien, sino algo mucho peor. Este país no ha superado el estilo caciquil de después de la postguerra, seguimos viviendo al más puro estilo mafia calabresa. Nuestra democracia sobre el papel queda perfecta, pero en la práctica somos una República bananera donde lo que importa son los lazos que te unen a otras personas a la hora de designarte para un cargo, no tu capacidad para poder desempeñarlo.

Valle-Inclán y sus esperpentos no son del siglo XX, para nuestra desgracia son la España del siglo XXI, donde quienes están en el poder no son más que personajes grotescos que deforman la realidad, convirtiéndola en su realidad para tratar de engañarnos a todos.

El Gobierno no es más que una panda de incompetentes sentados a la mesa del Consejo de Ministros por amiguismo. Lo de ser capaces de solventar cuestiones de cierta envergadura como la inmigración, el desempleo, la economía, la Sanidad, la Educación, ya si eso, que para eso son todos “amiguetes” y tampoco es para tanto.

Lo malo es que si uno mira más allá del Gobierno se da cuenta que en el resto funciona igual de mal.

Las cúpulas de los diferentes partidos políticos están llenas de pagos por favores debidos. A los mejores ni están ni se les espera, ¿para qué? Cierto que algunos parecen que se están poniendo las pilas, pero ya no nos valen las palabras, queremos hechos y para eso tiene que pasar tiempo, lo malo es que de eso no tenemos.

Los Consejos de Administración de las grandes empresas se han convertido en unos “aparca jarrones chinos” que nadie sabe qué hacer con ellos, con lo que no podemos extrañarnos que aparezcan más Tarjetas Black en breve.

La política en este país necesita un cambio, un estilo diferente, ser otra cosa muy distinta de lo que es en este momento. Algún día entenderemos que se tiene que acabar eso de los favores, que los cargos se deben ocupar por capacidad para desempeñarlos no por estar emparentado con fulanito o menganito.

Toda esta bazofia es lo que está alimentando que formaciones políticas esgriman la bandera de un populismo rancio que está calando en un personal hastiado de tanta ineptitud. ¿De verdad queremos cambiar inútiles como Ana Mato o Javier Rodríguez por populistas demagogos que solo saben hacer carrera en tertulias televisivas?

Si eso es lo que queremos vamos por el buen camino. Eso sí, Valle Inclán se quedo corto con sus esperpentos porque acabaremos viendo a Mercedes Milá en Moncloa con su Gran Hermano y a Jorge Javier Vázquez presidiendo el Congreso de los Diputados con su equipo de Sálvame

Galiana

 

 

 

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2 respuestas a La España del esperpento de Valle-Inclán

  1. Como siempre inmenso tu artículo. Gracias

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