Rajoy no sabe estar a la altura de nada

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Lo que es la vida, hoy empiezan las vacaciones, entre ellos nosotros, de Semana Santa y en este país se acaba el día de luto oficial decretado por el Gobierno por los españoles fallecidos en el accidente de avión en los Alpes.

El siniestro del avión ha hecho que las elecciones con el triunfo de Susana Díaz en Andalucía queden lejos, muy lejos, y no ha pasado ni una semana. Que, como consecuencia de las mismas, a casi nadie le importe que Rosa Díez siga sin entender que el sector crítico de su partido le enseña la puerta de salida, señalándola como culpable de la debacle por no firmar un pacto con Ciutadans. Las nuevas detenciones de la jueza Alaya en la trama de los ERE en Andalucía, o que el juez Ruz nos confirme que el PP manejó una caja B durante más de 18 años y en Génova nadie se responsabilice de nada.

El accidente aéreo del Airbus A320 de Germanwings que hacía la ruta Barcelona-Dusseldorf con la pérdida de 150 vidas ha conmocionado al mundo, dejando que el resto de sucesos pasen a un segundo, un tercer plano, y hasta parezcan peccata minuta.

Este tipo de catástrofes pone de manifiesto las miserias de todos aquellos que especulan en lugar de aguardar en silencio los resultados técnicos que provocaron el mismo. Pero además del lado técnico, sobre el que no vamos a entrar, asistimos al bochornoso y repugnante espectáculo de ver como algunos medios de comunicación se recrean en el morbo de los familiares afectados. Y junto a todo esto las reacciones de los dirigentes políticos de los países implicados en la tragedia.

Merkel, Hollande y Rajoy afrontaron el tema de diferentes formas.

Merkel, como la Canciller del país de la compañía aérea implicada, respetuosa, dejando que cada cual hiciera su trabajo y poniendo a disposición de todos todo lo que tuviera que poner, sin querer ser protagonista de nada pero siéndolo porque el poder no se puede guardar en un cajón un ratito.

Hollande, esperaba la visita del Jefe del Estado español, Felipe de Borbón, y afrontaron juntos el accidente, suspendiendo todo lo que tenían previsto y hablando con claridad de lo que sucedía. Dejaron aparcada la visita de Estado y dieron protagonismo a lo que tenían que dar.

Rajoy terminó su discurso en Vitoria, como si lo que supiera sobre el accidente no existiera. Luego intentó que otros se ocuparan del asunto, pero viendo que sus colegas internacionales daban la cara sin plasma, se vio en la obligación de hacer lo propio. Envió a su Vicepresidenta, que es su chica para todo, a ponerse al frente del gabinete de crisis. Mandó a su Ministra de Fomento, Ana Pastor, a personarse in situ donde están los muertos, qué estómago debe tener esta señora que se tragó lo del ALVIA de Santiago de Compostela y ahora esto. Él se trasladó hasta Francia lo justo y necesario para hacerse la foto con sus homólogos internacionales, con discurso leído incluido, a cierta distancia del lugar del siniestro, que en España estamos de elecciones y este tipo de cosas da votos.

Nos marchamos de vacaciones hasta el lunes 6 de abril, cuando regresemos la tragedia de los Alpes franceses habrá dejado paso a un trimestre de campaña electoral puro y duro.

Galiana

 

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